Yakaar Africa

Después de acabar nuestra colaboración con ONG Yakaar África, publican dos textos sobre nosotros en su blog http://yakaarafrica.com/

Este verano, además de conocer nuevas culturas, Koldo Burgoa y Gosia Moskala, han aprovechado su tiempo de viaje para descubrir el trabajo de una ONG joven como Yakaar África y los proyectos e iniciativas que están desarrollado en Senegal. Con tan solo 5 años de vida, esta organización tiene en marcha a día de hoy más de treinta proyectos repartidos en 3 regiones de este país y, mediante estos, se trata de mejorar las condiciones de vida y capacidad de desarrollo de las zonas más desfavorecidas.

Con este fin, Yakaar África desarrolla iniciativas que serán apoyadas durante dos o tres años y que durante este tiempo, en caso de problemas, volverán a apoyar y financiar hasta un máximo de tres veces. Pasado dicho periodo, la organización entiende que la comunidad para la que se ha creado la infraestructura y provisto de herramienta, ha tenido tiempo para aprender a gestionarlo y dará independencia a dicho proyecto, pasando a ser gestionado y poseído únicamente por la comunidad local para la que ha sido creado.

Así pues, esta organización ha creado proyectos de desarrollo de la economía local, como granjas avícolas, huertas de hortalizas, sastrerías, molinos y plantas de procesamiento de frutas, creando empleos y medios de desarrollarlos en comunidades donde no hay nada que pueda sustentar la economía local, por estar alejadas de las ciudades.

“Es evidente la necesidad de crear producciones y comercio, dada la falta de industria y empleo que hay en las zonas”

En opinión de Koldo Burgoa, no resulta fácil que, una vez que la organización no sigue apoyando el proyecto este tenga un 100% de garantías de seguir adelante, dado la poca capacidad de proyección de futuro que tienen ciertas personas o comunidades. La falta de previsión de un fallo en el suministro de alimentos y la no comprensión de la necesidad de almacenaje previo, de previsión de deterioro de la maquinaria utilizada, etc. hace que los proyectos se estanquen de manera que, sin una solución externa, puede hacerlos fracasar estrepitosamente. “Se debería formar más a las comunidades locales y hacerles ver lo que pasaría en según que casos por desatención de estas cosas; pero puede ser difícil para una cultura en la cual, en su idioma, mañana y pasado mañana se dicen con la misma palabra: el futuro en África es demasiado incierto, viven en el día a día y eso choca bastante con el desarrollo de la economía desde la perspectiva y medios occidentales”.

Además de los proyectos de desarrollo económico, han construido escuelas y fomentado la enseñanza mediante el préstamo anual de bicicletas a los niños que más alejados viven de éstas, en un país donde la educación no es obligatoria y la tasa de absentismo es altísima. Han pagado los estudios universitarios a jóvenes que estudian temas agro-forestales o de turismo, oriundos de regiones ricas en naturaleza, fauna y flora, pero sin industria o mercados donde poder desarrollar ninguna otra actividad económica. En contraprestación, tan solo se les pide es que dediquen unos años de trabajo voluntario en el desarrollo de los proyectos de la organización en las comunidades locales, aprovechando los conocimientos adquiridos. De esta forma, en un futuro, se garantizará la rentabilidad y continuidad de los mencionados proyectos.

“Tanto sol y tal claridad crea muchos problemas de salud ocular que son tratados en estos hospitales”

En regiones, como País Bassari o Berr, también han creado Hospitales además de escuelas, que además de las donaciones, como la hecha por Adidas Eyewear para el campamento de Berr de treinta pares de gafas de sol, además de los fondos de la organización y donaciones particulares, nutren de medicamentos y productos que son imprescindibles en uno de los países más luminosos del mundo. Tantas horas de sol al año con tal claridad crea un gran número de problemas de salud ocular que son tratados en estos hospitales, además de los habituales problemas de salud de zonas donde la falta de nutrición o carencia de agua potable es notoria.

Otro gran problema en Senegal es la carencia de un servicio de recogida de basuras que crea un vertido descontrolado de residuos, mayormente plásticos que, se convierte en nido de ratas y focos de infecciones. Para ello, se están desarrollando proyectos de concienciación y recogida en poblaciones pequeñas como la isla de Carabán con 800 habitantes, dotando de un cubo de basura por casa y otro por calle o barrio. Junto a esto, hay al rededor de la isla tres puntos de vaciado de los cubos, donde la basura es vertida e incinerada de una manera controlada una vez cada dos meses. Es muy necesaria la concienciación de las comunidades respecto a los deshechos y su vertido e incineración, pues es una forma de evitar muchísimas enfermedades y problemas.

“Un paisaje más verde crea una consciencia de la necesidad de mantenerlo”

“Este problema de vertido descontrolado, lo hemos apreciado durante todo el viaje, si bien es cierto que las zonas más verdes como en Cassamance o Kolda, parece que este problema no sea tan acuciante”. Parece que tener un paisaje más verde crea en las conciencias de la gente la necesidad de mantenerlo. Sin embargo, en Dakar y alrededores y zonas desérticas, el plástico se convierte en paisaje, cubriendo árboles, como si de sus hojas se tratase, y un continuo reguero de deshechos y putrefacción que clama al cielo. Es mucho más sangrante cuando se ven tantos niños que andan descalzos sobre los deshechos.

Todos estos proyectos que han podido visitar resultan básicos para un país y unas regiones en las que, sin que mejoren sus condiciones económicas familiares y comunales, no pueden plantearse otros proyectos igualmente básicos, desde el punto de vista de la salubridad, como la canalización de aguas fecales y residuales mediante un buen sistema de alcantarillado, o el acceso a todos los pueblos y puntos del país de agua corriente. Estos dos problemas de los que Koldo y Gosia se han percatado en su estancia, evitarían la proliferación de mosquitos en zonas de aguas estancadas, lo que conllevaría una bajada en el número de mosquitos y, por tanto, porcentaje de malaria en estos, lo que significa una reducción de transmisión de malaria u otras enfermedades a humanos. Y, en este sentido, una disminución de enfermedades que tendrán que ser tratadas a posteriori en centros de salud que, hoy por hoy, cuentan con escasos medios. Reducirían problemas estomacales y parasitarios relacionados con las aguas consumidas en mal estado, o con los baños en zonas de agua estancada.

Toda mejora en este sentido es una mejora en salud. Por tanto, es una mejora en la economía estatal ya que reduce la necesidad de tratamiento médico, pero sin una economía familiar y local que nutra al estado, difícilmente pueden crearse las infraestructuras necesarias para esto.

Por todo esto, los proyectos de Yakaar África adquieren un significado tal. Mejorando la situación y capacidad de desarrollo de las personas y familias se mejora la situación y capacidad de desarrollo del país.

Koldo Burgoa Comunión

Cuando viajamos a un nuevo país, tanto Gosia como yo, siempre intentamos hacerlo con la menor información que nos es posible, a fin de no crearnos ningún prejuicio ni tener ninguna idea preconcebida antes de llegar. Por eso, llegar a Senegal y ver el contraste de culturas que aquí habitan es impresionante. De hecho, entre su cultura y la nuestra, sus condiciones de vida y las nuestras, también hay un abismo. El hecho de tener una basta experiencia viajando e integrándonos en diferentes culturas nos va a ser muy útil.

“Para descubrir un país, hay que introducirse en la vida de barrio de las ciudades medianas”

El hecho de llegar a Dakar, un aeropuerto ruidoso donde te esperan cientos de personas a grito pelado intentando llevarte en su taxi, impacta. Pero, impacta mucho menos cuando durante el viaje has estado hablando con un Senegales afincado en España y a la llegada te ayuda desinteresadamente. La ciudad, tan bulliciosa como el aeropuerto, llena de comerciantes y buscavidas… Esto no puede ser Senegal. Y no lo es, para descubrir un país hay que salir de la capital, introducirte en la vida de barrio de las ciudades medianas, aceptar la hospitalidad espontanea de los locales o sentarte bajo un mangal en el pueblo más pequeño que te encuentres en el camino. Parar y tras esperar unos minutos sin hacer mucho esfuerzo, tan solo con saludar a la familia que allí se encuentra, empezarán a hablarte y a interesarse por ti, tan pronto como se acostumbren a tu presencia. Ahí empieza la teranga (hospitalidad) Senegalesa. El límite de dicha hospitalidad no tiene límite, así que hay que saber decir: es suficiente, muchísimas gracias, estamos eternamente agradecidos y volar hacia la siguiente experiencia.

Sin embargo, como he dicho, es un país de constraste; el toubab, o blanco, siempre tiene la ligera sensación de ser engañado en casi todos los comercios que pisa, sensación de que están cobrándole más que al anterior cliente por el mismo servicio o producto, o que cuando pide un kilo le ponen kilo y medio para sacarle algo más. Aquí ya dependerá de la experiencia, sangre fría y saber tomarse las cosas con humor y paciencia para evitar eso y regatear.

Pero, en cierta manera, puedes entender la trapisonda, cuando vas viendo y entendiendo la realidad en la que viven: una mujer que con un ridículo sueldo de su puesto en el mercado mantiene casi 20 bocas y un hijo en la universidad, ves cientos de chabales en corros de a 5 en las puertas de casas, sentados, desde las 8 de la mañana hasta altas horas de la noche, sin oficio ni beneficio. U observas el lamentable estado de las carreteras que une las poblaciones en las que no hay industria o producción importante para su exportación. Efectivamente, aunque viajes casi sin dinero como es nuestro caso, haciendo autoestop y alojándote en sus casas, aun así, tu eres consciente de que tienes más que ellos.

“Con los ridiculos 3,9 euros que has gastado en el mercado van a comer 20 personas”

El día que acompañas al mercado a hacer las compras del día, resulta interesante ver como con los ridículos 3,9 euros que has gastado, van a comer esas 20 personas que esperan en casa. Ese día incluso habrá más salsa, verduras y pescado o carne en el arroz que de costumbre. Sin embargo, pese a que solemos contribuir a la economía familiar cuando viajamos nunca damos dinero. El dinero, al igual aquí que en Europa, se esfuma.

En este país, al igual que en los vecinos y probablemente en todo África, necesita acciones e iniciativas que desarrollen la educación, pues no es obligatoria aun en Senegal y el absentismo escolar es muy alto. A nosotras como profesoras nos sangra especialmente ver a niños mendigando. Además, hacen falta proyectos sostenibles que, partiendo de las necesidades que observe cada comunidad local, ayudemos a desarrollar la economía local y formar a dichas personas en su gestión, así como dotarlos de herramientas o maquinaria que además de usar sepan mantener, pues un generador importado, sin mantenimiento no dura, una explotación avícola sin comprensión de la necesidad de almacenaje de alimentos en un país donde la distribución de pienso no es de flujo constante, crea perdidas de producción y puede ser la diferencia entre una iniciativa genial o un desastre que caiga en desuso y, por tanto, resulte en un derroche de dinero europeo gastado a la africana.

“La capacidad de gestión local marca la diferencia entre una iniciativa de éxito o un derroche de dinero europeo gastado a la africana”

Senegal necesita formar a personas con mucha iniciativa, capacidad gestora y una gran sensibilidad social, que desarrollen proyectos en sus comunidades a partir de las necesidades que ellas tengan, que además, vean la necesidad de que dichos proyectos se sustenten por si mismos en el futuro: necesitan personas con visión de proyección a futuro y capacidad de previsión que den origen y desarrollen las iniciativas que desde allí surjan.

Y, de esta manera, durante nuestro viaje, sin pisar hoteles, viendo las sencillas vidas, escuchando sus necesidades, observando algunas iniciativas locales de éxito y escuchando como han llegado hasta ellas; vas planteándote el modo en que podrías ayudar desde allí o desde aquí, trabajando sobre el terreno. Si aun, con la mejor de nuestras intenciones, conseguimos los buenos propósitos que nos proponíamos. Y, en nuestra divagación personal y reflexión con locales, el viaje de turismo se convierte en un viaje de sensibilidad social.

Koldo Burgoa Comunión